Historia de miedo Envidias que matan

Gilberto era un adolescente que pese a que contaba con el cariño y el apoyo de sus padres, siempre deseo poseer los bienes materiales que tenían algunos de sus vecinos. Frecuentemente le reprochaba a su padre el no tener un auto como el de los Buendía.

– Papá, es el colmo. Llevamos más de cuatro años con el mismo automóvil y la familia de Evaristo lo cambia cada invierno. Yo no puedo ir al colegio en esta cafetera oxidada, mis amigos se burlan de mí.

– Entonces esos no son tus amigos. Las personas deben sentir simpatía por ti, sin importar las cosas materiales que puedas tener, lo verdaderamente trascendente se encuentra en el corazón de cada persona. Repuso el padre del chico.

Una tarde en la que Gilberto se había ido de pinta, regresó a su casa temprano y vio cómo su vecino estaba encerando su nuevo auto deportivo.

– ¡Vaya, está genial tu coche! Hace unos días lo vi anunciado en la revista de Historias de terror asombrosas.

– Gracias mi mamá me lo compró ayer por la tarde. Si quieres te invito a dar una vuelta en el en cuanto lo termine de pulir.

– Por supuesto, será fantástico. Sólo te quisiera pedir una cosa, déjame conducirlo, he soñado con un carro de estos desde que era niño.

– ¡Claro! ¿Tienes permiso de conducir?

– Sí, aquí lo tengo.

Gilberto ni siquiera le tuvo que pedir la llave a su vecino, puesto que este automóvil era de los que se encendía con un botón. El ruido del motor hizo que aquel muchacho se transmutara en otra persona. Tomó la autopista a gran velocidad esquivando los autos con gran destreza.

Cuento corto de miedo Envidias que matan

Mientras tanto, el hijo de los Buendía le suplicaba que detuviera la marcha, ya que presentía que en cualquier momento podían verse envueltos en un accidente. No obstante, Gilberto no soltó el embrague y piso el acelerador a fondo.

Ambos se estrellaron contra una barda de contención y murieron al instante. En ocasiones la envidia se puede convertir en un
asunto muy doloroso para las familias.